martes, 13 de octubre de 2009

Mi primera vez

Mi precoz instinto se mostró entre los once y los doce, Se presentaba en imágenes mentales contrarias a lo que las reglas mandan. Pero la naturaleza bien da muestras de la variedad de cazadores y presas. Me aturdía pensar eso. Lograba controlarlo por tontos prejuicios católicos que ahora los pienso como desperdicio de tiempo hacía lo inevitable, hay esencias que no cambian. Incluso llegué a experimentar con animales callejeros, pero no era lo mismo, necesitaba ese calor humano, sentir la piel tensa, sentirlo entrar una y otra vez... incluso ahora estos instintos impuros me provocan las mismas erecciones.

En mi temprana juventud era insoportable la voluntad, veía en cada sujeto el cuerpo de la seducción. Ya no me importaba la hipocresía religiosa y decidí dar el gran paso pero, ¿con quién? ¿quién sería el elegido? Pensé en la posibilidad de alguien conocido pero deseché la idear por miedo al fracaso, fui tonto y temeroso, dudé de mí mismo, mas gracias a la falsedad social mi mente se aclaró. Dejé pasar muchas personas que no volverán. Mil preguntas me atormentaron antes de hallar respuesta en ciertos mensajes en las paredes de los baños de la preparatoria. Sólo el número y un “Pasivo, llama por las tardes”. Conocía bien para que se usaba ese tipo de mensajes, era una señal que no pude dejar pasar.

Realmente los preparativos y ceremonias que en todo hombre se dan cuando saben que harán actos indebidos, no importan, lo importante es lo que sentí. Nueve treinta en las últimas canchas de fútbol fue la cita, estaba completamente excitado, embriagado por un éxtasis sin control, repasé una y otra vez los sueños que llenaban mi mente. Densos nubarrones cubrían el cielo presagiando el pecado mortal. Miré una y otra vez para asegurarme de no ser reconocido. Crucé corriendo las dos canchas hasta un par de robles que se encuentran al final. De lejos lo vi recargado en medio y sonriendo, ahora que lo pienso sería por mi forma de correr, detenerme y voltear.

A escasos metros de él noté mis manos sudorosas, temí que se me resbalara y acabaría haciendo una idiotez, metí una mano al morral y alcé la otra en señal de saludo. Sus labios decían algo pero no lo comprendía, todo daba vueltas y pensé que caería fulminado por las poderosas nalgas de Dios, castigo divino por mi penosa falta, fue sólo un instante de turbación, de negación de mi naturaleza, preámbulo de la bacanal. Las gotas comenzaron a caer con gran fuerza, el cielo tronó con furia. Lo había soñado muchas veces y ahora tenía la posibilidad de hacerlo, Me detuve, saqué un pañuelo, limpié mis manos tranquilamente, lo guardé y, transformado, arremetí.

Eran actos mecánicos: mi mano en su boca, la otra alzándose por los aires con el frío puñal, su mirada repleta de terror, su garganta sangrante, mi mano alzándose y cayendo una vez más, su paulatino final. Lo había echo. Mis manos temblaron y mi boca sonrió cuando miré las convulsiones decadentes del cuerpo a mis pies. Bajé mi pantalón y con las manos ensangrentadas acaricié mi sexo hasta conseguir la tan apresurada eyaculación . Del morral saqué el pañuelo, me limpié manos y entrepierna a toda velocidad, guardé morral, pañuelo y puñal en mi mochila y salí corriendo sin parar hasta la salida.

CERBERUS

No hay comentarios:

Publicar un comentario